Día 8
En medio de mis pensamientos
sentí un frío.
Pero no de esos que llegan con el invierno,
sino uno que recorría mi cuerpo,
como si quisiera despertarlo.
Y eso que, en mis noches de insomnio,
acompañado solo por un café amargo,
escribía de manera incansable
cómo habría sido mi vida a tu lado.
Pero tu amor nunca fue dulce.
Era como las últimas gotas de aquella taza:
frías y agridulces,
deslizándose por mi garganta
hasta desgarrarla lentamente.