¿De qué doy gracias?
Hoy, por ejemplo, suenan las aves vecinas en su idioma de graznidos.
Se oyen cercanas, contando sus historias.
Llegan de a bandadas, buscando a los suyos, anunciando su presencia.
Cada una conoce su lugar, cada una conoce su nido.
Han volado juntas bajo cielos limpios y azules.
No hay engaño en la lluvia.
No hay engaño en el aire.
Algunas comen carroña, otras cazan su presa, mientras las cautivas picotean el alpiste.
Vientos fríos llegan del norte y se mezclan en nubarrones que cercan la claridad.
Las aves guardan silencio.
Sólo alguna llama a su pareja.
Todas saben que la bruma es pasajera, que ninguna nube posee el cielo.
De eso doy gracias:
de la sabiduría de la naturaleza;
de conocer la verdad del temor y no la venta del miedo.