Los días correrán,
la noche te abrazará,
te tomará con tus risas,
con tus tormentas,
tus lamentos y tus penas.
Y te aferrarás a tus riquezas
de plata y oro,
pero no serán más,
no serán más que polvo,
al igual que tú.
Y en tu último aliento,
tú,
tan vulnerable,
pero ya muerto en vida
desde hace mucho tiempo,
te vestirán con sedas y terciopelo.
Sin embargo,
tu alma,
desnuda,
perdida en el vacío de la nada,
caminará sola
entre tus salones de mármol,
tus vasos de cristal
y toda tu riqueza acumulada.
Todo irá perdiendo su brillo
entre el polvo
y la miseria.
Y ya en lo profundo
de la tierra húmeda
y los gusanos,
abrirás los ojos
por primera vez
y te darás cuenta
de que nunca nada,
ni nadie,
fue tuyo.