De sus labios brotó un gran silencio,
Dejándose escuchar la sinfonía,
Más, en sus venas la música fluía,
Al director de orquesta lo sentencio.
En su pecho habitaba la pasión,
Derramando tersura linda piel,
Su corazón decía serme fiel,
Humildad circulando con razón.
Cómplice de secreto tan profano,
Al poner mi cabeza en ese pecho,
Un corazón cercano, muy lejano
Que daba susto oírlo tan desecho.
Yo pensé ayudarla sin engaño,
¡Que pensé arrancarlo de su pecho!.
Reza bien el dicho, caras vemos
Más corazones nunca lo sabremos.
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Salvador Santoyo Sánchez
10/04/2026