Ella observa,
imagina lo que ve, no lo examina
ni contempla.
Su mirada perdida se dilata
hasta cubrir el horizonte,
llega mansa a las playas, que son sus sentimientos.
Mira desde una altura cuasi hermética,
desde un cielo que parpadea, y que se duerme,
y que lleva el amor como onomástica.
Desde lejos se escucha la mayéutica,
los sofismas
y espejismos.
Y con la mente en blanco
todo esto se convierte en un mundo sin prisma.
Y no sabe que está cambiando
lo conocido,
y ella incide en clavar la vista en lo invisible.
Doble filo, la naturalidad de su cuerpo,
zurcido, de muñeca, de trapo, de piel luenga,
estrechez en la mente y el espíritu.
Reincidente entre cosas que no existen,
conoce demasiado sobre mí,
y la estoy vigilando.
En su estado de trance,
toda fuera de sí,
dijo que sus inventos siempre cuadran.
Le pregunto, le llamo, le beso, le acaricio,
pero ella ya es otra:
\"La otra, como siempre.\"
Me dijo:
\"Tú no sabrás jamás nada de mi universo.\"