Que se apague la luz que alumbra el día
y la noche nos cubra con su manto,
y antes de que claree la madrugada,
sepan mis labios
del sabor de tu boca.
Fúndeme, amor,
con los aromas de tu piel,
y no busques en mí,
a una mujer de gélida ceniza,
que soy forja de fragua, furia y fuego.