En la mesa reposan las esperanzas,
humeando como aquel día en que estabas a mi lado.
El aroma aún recorre la habitación,
como un recuerdo que se niega a partir.
Pero todo se fue enfriando, como nuestro amor,
desde que te marchaste llevándote los sueños
que habitaban en mi corazón.
La silla que ocupabas permanece vacía,
y el silencio conversa con mi soledad.
Miro la taza sobre la mesa de centro,
testigo de promesas que el tiempo apagó.
Ya no pude escuchar tus suspiros,
ni aquellos latidos que parecían pronunciar palabras.
Ahora suenan como un eco lejano,
perdido en los pasillos del olvido.
Y cada día que pasó sin ti,
el silencio creció un poco más,
hasta que tu voz se confundió con el viento
y tus recuerdos con el olvido.
Y así como el té perdió su calor lentamente,
también mi corazón fue perdiendo el suyo,
hasta quedar tibio de recuerdos
y frío de tu ausencia.
En cada sorbo que nunca terminamos,
vive la sombra de lo que pudo ser.
Y en aquella taza olvidada sobre la mesa,
descansa un amor que se enfrió contigo.