Tu luz es muy verde,
en torno a mi paisaje, mirada y ambiente...
¡Qué forma de iluminarme!
Y cuando el llanto te llegue,
que sea fugaz como el destello de un diamante,
que yo seré tu cauce...
Contigo, a cada instante,
dejaremos que el tiempo reluciente nos lleve,
sobre una quietud permanente...
Por ello, hazme tu cómplice,
y seremos libres para crearnos un amor que rehace,
en un sin morir, sentirse...