Si me preguntan por qué la amo,
podría responder con los cientos de poemas
que alguna vez escribí para ella.
Porque sí,
estoy perdido en su mirada
desde el instante en que su luz
cruzó mi alma
y me abrazó mientras el mundo
caía a pedazos una noche de mayo.
Es hermoso verla despertar,
abrazarla
y recordarle que mi mundo
es una quimera irrumpiendo en la realidad,
demostrando al universo
que el amor resulta inexplicable
cuando viene de ella.
Amo su manera de ver el mundo,
de leer mis poemas,
de hacerme dudar a veces
si un amor tan grande puede ser real.
Mi amor por ella es místico,
puro en su forma más sencilla,
y extrañamente hermoso,
porque siento mariposas en el pecho
como si hubieran migrado
para jugar con mi alma
y quedarse conmigo
más allá de una eternidad.
También amo sus abrazos,
porque son como el mar
en noches de luna,
como el sol atravesando
la tristeza de un día gris.
La quiero en mis días,
en mis noches,
en mis navidades,
en cada página de mi calendario.
Y si algún día lees esto,
en un futuro que todavía nos espera,
no olvides que te amo,
mi amor bonito,
mi amor estelar.