Hermosa mujer, te deseo demasiado.
Deseo desear a tu lado y que tú en mi
regazo estés, los dos juntos en una
casa, descansando mutuamente,
contemplando el amanecer y viviendo un
recuerdo para toda nuestra existencia.
Cuando sonríes, me encantas; eres una
bruja que con su belleza me hipnotiza
cada vez más. Oh, mi Laurel, hemos pasado
momentos agradables; yo te amo y
quisiera estar junto a ti. Soy tímido,
pero a tu lado toda timidez desaparece.
Quisiera ser tu amado y que mi amor sea
correspondido; te deseo demasiado, te
amo de verdad; mi corazón no deja de
latir por ti cada día y mi mente no
me deja en paz, siempre piensa en ti.
Estoy tan enamorado que me sonrojo
cuando te veo. ¡Mi Laurel divino!, ¿cuándo
será el día en el que nos agarremos de
la mano y nos besemos a cada rato? No
aguanto más ser tu amigo; yo quiero ser
tu esposo, ya me imagino un futuro
próspero a tu lado. Yo te amo demasiado.
Sería un hombre afortunado si tú me
aceptaras una cita; te llevaría al mejor
restaurante de la ciudad, te contaría
mis planes a futuro y, al final, un beso
apasionado se aconteciera como promesa
de nuestra relación.
Si Dios creó a la mujer como complemento
del hombre, tú eres muy parecida a mí y
complementaria a mi existir; te amaría y
te daría los lujos de esta tierra y,
unidos, formaríamos una sola carne en el
momento de fecundación.
Oh, mi Laurel, maravillosa, yo de ti
estoy enamorado y te amo; mi amor es
verdadero y duradero, es contemplativo
y dedicativo. Seré para ti tu
consejero, tu amigo, tu esposo y tu
maestro, y juntos caminaremos
construyendo un futuro próspero. Te amo,
mi Laurel.
El Sentimiento.
Escribí esta lírica para la misma persona a quien represento con la flor del laurel. Ella es la inspiración recurrente en los poemas donde aparece esa flor blanca y delicada.
La frase \"Hermosa mujer, te deseo demasiado. Deseo desear a tu lado y que tú en mi regazo estés...\" incluye la repetición de \"deseo\" y \"desear\". Esa duplicidad surgió inicialmente por un error de escritura y por una especie de broma; sin embargo, al quedarse así, terminó funcionando como un recurso expresivo. Las dos palabras, semejantes en forma pero diferentes en matiz, condensan una sola idea compleja: el querer (el anhelo concreto) y la voluntad de compartir ese anhelo junto a la amada.
Aunque la repetición puede causar confusión en el lector, también crea una tensión poética: ofrece una proclamación irónica e aparentemente incoherente que revela tanto la torpeza humana como la intensidad del sentimiento. En lugar de eliminar la anomalía, la conservo como rasgo distintivo del poema, porque aporta singularidad y profundidad emocional sin traicionar la intención original del autor.