Lucas Gress

La Virginia

Tengo un estado de ánimo

que no refleja mi mirar

que se escabulle

por debajo de la mesa

y se aferra a mi tobillo izquierdo

como una cadena que no hiere

como un fuego que no arde

pero que se aferra al hueso debajo de la piel.

 

Una noche 

de esas que no se cuentan,

sino por las horas que uno está en vela,

aquel fuego inerte depositó

el pecado y la ilusión de una vida distinta

y con verbos y versos infinitos

plasmó sueños en la vigilia:

sueños pasajeros

sueños que se tocan con los dedos

y en unos de ellos conocía a la Virginia.

 

Mujer de escarpados montes, Virginia

belleza de mujer

de pelo aterciopelado

negro como el azabache

y mirada de acero.

Ella posó su copa junto a la mía

y juntos recorrimos 

el destino de lo obsceno.

 

Hay un estado de ánimo que no se cuenta

por avaricia y desconsuelo.

Hay poco de cierto en lo que sueña

y poco de mentira en lo que se vive.

Virginia, mirada de acero

pudiera ser la poesía

en esta historia bipartida

donde se funden

el deseo de estar soñando

y el ánimo por marchar en su búsqueda.

 

Qué es si no lo que estoy contando

un sueño mal recordado

una pieza suelta

en el rompecabezas de mi vida.