666
Algunas puertas no deberían abrirse...
Algunas voces no deberían responderse...
Y algunas cruces...
jamás deberían arder al revés...
666…
Soy el enviado con disfraz de mártir, mi tatuaje escondido sangra versos que Satán susurra cuando el mundo duerme.
No reces por mí.
Cada Ave María que entra en mi oído es una garra hurgando carne desde adentro.
Hablo lenguas que no existen, giro el cuello burlando la fe y ríe con la voz de mi madre muerta.
Las paredes sangran mi nombre.
La cruz arde al revés.
El incienso se pudre en el aire, como si el alma fuera un chiste mal narrado.
Mis sueños están poseídos:
una niña camina de espaldas por el techo de mi mente
y me besa con una boca rota,
como los que niegan a Dios y al Diablo por igual.
Me confesé ante el espejo,
pero fue él quien me absolvió:
ese reflejo que no parpadea,
que sonríe cuando lloro,
que grita cuando callo.
¿Dónde está tu fe ahora?
¿Bajo la cama,
con los monstruos que yo mismo parí?
¿O en ese grito que nunca sale
cuando despiertas paralizado
y alguien te susurra tu nombre...
al revés?
Sí...
fui mártir por error,
enviado sin salvación.
Ahora soy altar de blasfemia:
espinas tatuadas como corona,
y un rosario de pecados
anudados en mi garganta.
No busques redención aquí.
Solo queda ceniza,
carne herética
y una cruz ardiendo al revés...
como si ese fuera el final.