La noche viste un manto de neblina,
el viento arrastra el perfume del olvido,
y el llanto de la lluvia no termina.
Tu rostro se dibuja en el cristal,
recuerdo la tibieza de tus manos,
en esta soledad tan invernal.
Gotea el techo un canto de nostalgia,
la casa se hace inmensa sin tu risa,
y el viejo amor revive su magia.
Llovía cuando el alma te entregué,
el tiempo ha congelado tu partida,
pero en esta tormenta te amaré.