Déjame pintarte de amor por dentro. De blanco denso de estrellas y lunas vencidas.
Déjame romper una a una tus noches. Mojar tus sábanas de fuego y encender la luz de tus días.
Déjame beber de tu copa color boca. La savia salada que trasudas con besos de miel y de iras.
Déjame morder tus huesos color de espina y devorarte trozo a trozo, hasta desnudar tus carnes y heridas.
Déjame ser parte de tu ser, hora de tu tiempo. Esquina en tu ciudad perdida y sonrisa en tu sonrisa.