Me pondrá una plaza.
Un banco vacío.
Y tiempo.
Todo el tiempo que haga falta.
Después dejará caer la lluvia.
No para entristecerme.
Sino para que tenga algo
que mirar
mientras espero.
También me pondrá frío.
Del bueno.
De ese que vuelve valioso
el calor de una mano.
Y una esperanza.
Pequeña.
Pero fiel.
Porque algunas luces
no saben apagarse.
Y si nadie llega,
si la cita vuelve a perderse,
me dejará la plaza.
La lluvia.
La noche.
Y la certeza
de que alguien
pensó en mí
al escribir este poema.
Sergio A Cortéz