Fue por 2004, cuando mi hija Celeste cumplía 16 años y quería un regalo especial… Y lo tuvo…Me había operado de una hernia y concurría a un médico que controlaba la cicatriz que había quedado mal. Lo curioso es que atendía en el mismo edificio en donde vivía y vive Charly García, el mejor músico que tuvo y tiene Argentina. Alto, flaco, parecía algo loco pero su creatividad y oído absoluto cautivaba a todo quien lo escuchara.
Pasemos a la anécdota: un día de junio concurrí con mi hija a dicho consultorio para una nueva evaluación. Veía en los ojos de Celeste un brillo extraño y algo así como una emoción que trataba de esconder pero era en vano, casi temblaba. Llegamos al consultorio y pasé a ver al médico. Mi hija me dijo que me iba a esperar en la sala, pero yo intuía que no iba a ser así. En efecto, apenas salí del consultorio no estaba… yo sabía exactamente en dónde estaba. Segurísimo que sabía. A las corridas tomé el ascensor y llegué al séptimo piso. Toqué el timbre en el departamento de Charly y me atendió una señorita de cabello rojo y me hizo pasar de inmediato. Allí encontré a mi hija sentada en un banquito, me acercaron otro para mí y nos dieron una Coca Cola para cada una. Y ahí estaba Charly. Inmutable y cómodo se encontraba en un colchón sobre el piso, lo rodeaban miles de instrumentos. Las paredes blancas se encontraban pintadas con aerosoles y grafitis. El más enorme contenía las iniciales de su conocido “Say no More” y al cerrar la puerta de su dormitorio vimos una guitarra roja y deshecha pegada con cintas adhesivas.
Yo lo recordaba, había sido en el último 25 de mayo, día patrio, en donde la deshizo al terminar de tocar el Himno. El aire se olía raro, uhmm... (a no prejuzgar). Había también una mesita en donde había bebidas alcohólicas pero de esas no nos convidaron. En un instante apareció su hijo Migue, algo le dijo y se retiró. Empezó el concierto dedicado a nosotras. Charly nos preguntaba amable qué queríamos escuchar y se hizo amena la visita. Le pidió a Celeste que le preparara un whisky con hielo, menta, dos hielos y agua. Al mismo tiempo charlaba conmigo. Le señalé que Pedro Aznar era mi primo y me respondió: - Pero ¿Por dónde anda ese ahora?. En un momento señaló la guitarra hecha trizas y me dijo- ¿Vos creés que yo estoy loco? Le respondí que no, que lo admiraba y al toque me dijo: -¿Te das cuenta que estoy construyendo mi propio mito? No quiero que nunca se olviden de mí.
Luego de aproximadamente dos horas terminó la visita ¿Cómo terminó la visita? Fue cuando Charly puso sus piernas algo grises y peludas sobre las piernas de mi hija que estando tan conmovida y un poco asustada me dijo:- ¿Nos vamos, mami? Le dije que sí y nos fuimos como zombies en hipnosis catatónica, como atontadas, mareadas, como en un qué sé yo, ¿viste? como en las callecitas de buenos Aires con un melón en la cabeza ... ¡no lo podíamos creer!
Así termina esta anécdota que pocos pueden creer pero que es absolutamente verídica.
¿Olvidarse de Charly? ¡NUNCA! De Charly nadie se olvida, de Charly siempre hay alguien en el mundo que piensa en él. Y si no escuchá la canción.
(Patricia)
Recordando a Charly García