vuelvo a sentirme como ayer,
con la pesadumbre del desdichado,
con la insatisfacción del desechado
y la memoria del olvidado que aún recuerda,
con la paz del frustrado que aún sueña,
con la soledad del que se aleja a pesar
de querer ser acompañado,
como el exitoso que no aprecia lo triunfado
y vive como si no lo hubiera alcanzado,
como el que piensa más de lo vivido
y se cierra puertas que aún no abrieron
para evitar en el porvenir la fría mirada
del veredicto interno que sin gentileza devela
la verdad que él mismo anhela.