Como la lluvia que empapa la piel y despierta los ríos,
y el sol que sostiene la vida y madura los campos.
Como la nieve necesaria para el deshielo,
que despierta la tierra dormida.
Entre la lluvia, la nieve, la siembra y la cosecha,
hay quienes se pierden sin saber que son raíz:
tesoro silencioso de su propia existencia.
Sin la dicha de recoger sus propios frutos,
vivir expuestos a todo cuanto llega...
bajo la intemperie de su propia sangre.