¡Mírame a la cara!
¡Mírame, despacio!
Que quiero admirar
tus labios temblando
por la sola causa
de yo contemplarlos.
Mira mis pupilas.
Cógeme la mano.
Haz poner de punta
el vello en mis brazos.
Píntame azucenas
donde espinos guardo.
Desnuda mi cuerpo
de vejez y harapos.
Ponme un bello traje.
¡Vísteme de guapo!
Como a ti te gusta
que luzca en mi paso,
con las botas nuevas
un perfume caro
y aquella sortija
que encontré en el barro
y que tú puliste
con sumo cuidado.
Tú irás orgullosa
tomando mi mano
y yo, seré el hombre
más afortunado.
Serás la admirada.
Y yo, el envidiado.
Y en todo el paseo
saldrán madrigales
de entre los macizos
que hay a los dos lados.
¡Flores, brotarán!
Sobre nuestros pasos
brotarán las flores
más bellas del campo,
y un orfeón de aves,
vendrán a entonarnos
los trinos más dulces
que nunca has soñado.
Y así, enamorados,
nos verán de vuelta
cuando regresemos
a pisar la tierra.