En el temblor de las ausencias
destellos de auroras desveladas
matizan esta madrugada solitaria,
sagrado misterio de la creación
donde la pena pliega los espejos
que custodian a la esperanza.
Crispada la vereda,
no tienen las fuentes
agua tan mansa que limpie
y escurra los sueños
sobre los lamentos.
Desdibujada la fatalidad
bajo un palio sigiloso
se escucha atronador
un pálpito desarmado,
sutil desengaño.
Es la noche un desconcierto
que vive de soslayo
en el anaquel de la melancolía
si cruzando la intemperie
un vendaval escucha languidecer
la penumbra agrietada,
y son su consuelo
los ojos cerrados que observan
cuando las ausencias no son olvido.