Un día yo amé… y con locura
desbordé los vasos del juicio,
planté rosas en la cicatriz
y le puse nombre a cada espina.
Amé con la fiebre del vértigo,
con las manos llenas de naufragios,
con el pulso roto de los besos
que se dieron sin mapa ni guardia.
Fue un amor de sombra y terremoto,
de esos que no piden permiso,
que se cuelan por la rendija
donde el miedo perdió la llave.
Y aunque luego la cordura vino
con su traje gris de calendario,
yo guardé las noches incendiadas,
los suspiros hechos telaraña.
Porque un día amé… y con locura,
sin ahorrar ni un gramo del alma,
y ese loco fui yo, tan desnudo,
que aún hoy me tiemblan las palabras