Años de escritorio compartido, el leve roce,
de un codo al girar, el café tibio en la pausa,
y el silencio esculpiendo una distancia,
que yo solo llené de papeles y de excusas.
Ahora tu voz regresa como un eco,
que no encuentra su muro, y en mis ojos,
crece el dolor de un mapa que no pude
leer, el idioma de tu luz tardía.
Pero hay un espectro antiguo que me habita,
una mujer de sombra y de cicatrices,
y mi pecho es un campo dividido:
no sé si darte promesas o silencios.
Perdón, si mi mirada solo sabe,
mirar la herida que los años cierran;
si alguna vez descifro lo que callas,
tal vez mañana aprenda a merecerte.