Naim

La epifanía en el umbral del alma

Ante la calma de tu rostro, mi mente se desmorona,
es la corona de un sentimiento que, al fin, me emociona.
Tu esencia es la sentencia que a mi lógica cautiva,
una llama viva, la narrativa que mi pecho aviva.

Es una marea, una presea que mi ser despliega,
mientras el alma, en tu regazo, su paz entrega.
No es solo un juego, es el fuego que todo lo trasciende,
la luz que prende el firmamento cuando tu voz me atiende.

En este instante, el errante corazón se sosegó,
al ver cómo, en tu aura, el caos al fin se apagó.
Eres la clave, la nave que hacia el infinito se eleva,
la impronta nueva que mi existencia, al fin, conlleva.

Tu cercanía es la armonía de un verso inesperado,
el destino sagrado que tanto tiempo había anhelado.
Es un idilio, el exilio de cualquier duda ociosa,
una flor hermosa que en mi desierto se vuelve gloriosa.

Si amar es un abismo, yo me lanzo a tu designio,
pues encuentro en tu mirada el más puro insignio.
Ya no soy dueño de este sueño, ni de mi albedrío,
soy el río que busca tu cauce, venciendo todo frío.