Veo el cuchillo, el tenedor y la cuchara,
armas sobre la mesa,
compañeros de guerra
en el campo de mi silenciosa batalla.
Extraño el olor de la comida,
comer con fervor,
pero el daño está hecho
y espero el atracón.
Sé lo que hago,
pero no importa.
Es el resultado
lo único que me importa.
Como con culpa,
resentimiento
y furia;
destruyo mi cuerpo
por verme bien en el espejo.
Pero...
¿alguien puede culparme de ello?
No lo creo.
Vivo en un mundo de expectativas
y estoy dispuesta
a cumplirlas.