Miré y admiré canas ajenas,
no como adornos de la edad,
sino como el verdadero reflejo
de batallas ganadas al tiempo.
Por eso, bien dicen que:
“más sabe el diablo por viejo que por diablo”.
Caminé descalzo sobre el barro
antes de tener esta calma.
Nadie me contó de sufrimientos;
la experiencia es mi escudo
y mi palabra vale más que todo.
Hay quienes corren con arrogancia
sin mirar los golpes del camino.
Yo observo en silencio,
pues la escuela de la vida
me enseñó a caminar
luchando contra las injusticias.
¡sigo firme con la frente en alto…!
“No soy un viejo loco”