La soledad cambia de identidad en cada etapa.
Cuando fui muy joven le tenía miedo, huia de ella.
El pensar que ella podría terminar con mi alegría y tranquilidad no me dejaba en paz, así que cualquier compañía era complaciente.
Después la conocí mejor, de golpe, sin pedirla ni pensarla.
Me dolió mucho, la odiaba y le lloraba todos los días por las noches, pero con el tiempo entendí que ella me curo.
Ella me ayudó, poco a poco salí más con ella,
Hasta sentía que su compañía me hacía más bella.
Ahora se que me complementa, es parte de mi.
Me acostumbré totalmente a ella.
Ahora pienso que ella se apodera de mi ser y me impulsa a tomar decisiones que no me hacen bien,
Ahora temo estar tanto con ella y no desear estar con alguien más.
Es que es mi dulce compañía.