◇ El jardín de la calle Irigoyen
(Rosario Márquez)
Mucho antes de ingresar al hogar “La Casita”, vivía en un departamento de dos ambientes, en planta baja, en el mismo barrio, con dos patios. En uno de ellos tenía sus plantas.
El jardín de Rosario era hermoso. Le gustaba cuidarlo, aunque a veces era invadido por hormigas negras grandes que, en poco tiempo, dejaban solo los tallos pelados. Había un gran jardín en el departamento contiguo y no dudo de que el hormiguero subterráneo fuera más grande de lo que imaginábamos.
Recuerdo haber fotografiado todas y cada una de sus plantas, sabiendo que, con los años, solo serían recuerdos.
Allí vivió muchos años con Esteban. Tras el fallecimiento de papá, su esposo, permaneció sola durante un tiempo —aunque asistida por tres mujeres que la cuidaban—, hasta que comenzamos a notar que a veces quedaba realmente sola.
Ella misma nos lo decía.
La mujer que la cuidaba los fines de semana salía a bailar y regresaba de madrugada.
Una noche pasé por su casa a la 1 a. m. y confirmé lo que temíamos: la habían dejado sola.
Tenía alrededor de 92 años.
Entonces entendimos que la situación no podía continuar. Fue el detonante para decidir su ingreso a un geriátrico.
Y volvió a mi mente, una y otra vez, esta frase:
«Una madre cría a diez hijos, pero diez hijos no pueden cuidar de una madre».
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Autor:
Vientoazul 🦋⃟ ©