Deja que sea yo quien camine por los dos la brecha.
Asumo el desgaste, la trinchera,
esta terca labor de encender tu parte helada,
la zona yerta que el invierno nos ha dejado.
Tomaré el turno a solas, cuesta arriba,
con el único empeño, casi burocrático,
de empujar nuestros restos hasta la orilla.
No te empeñes en el vacío, no te destruyas
sintiendo nada.
Acepta que, al ser, simplemente al estar,
ya desbordas los cálculos de lo que yo esperaba.
Que valga, al menos, el esfuerzo estéril,
el modesto y ridículo intento
de torcerle el brazo al destino
y escribirle un final decente a este cuento.
Déjame idealizarte, que me pierda en el invento.
No me queda otra táctica,
no encuentro otra manera más humana de tenerte.
Compañera.