Soy el mejor poeta de la historia,
pero ninguno sabe de mi obra.
Mi propia sombra, que nació miope,
huyó a perderse entre la oscuridad.
Lo sabía Neruda y mantuvo el pacto.
Desde el cielo lo dice Amado Nervo.
Cuando cruzo, la gente no me mira,
nadie me reconoce en su soberbia;
solo el fiel espejo, el gran amigo,
que me impulsa a seguir siendo poeta.