Descendian con el alma penetrada
por la oscuridad del calvario,
cabizbajo, quebrado, derrotado
soportaban toda la frustración de las
ilusiones perdidas.
Regresaban, si que regresaban, a la
vida antigua, con las manos vacías,
rotas, y sabían en su corazón que,
habrían de soportar las burlas de sus vecinos
y el dedo acusador de escribas y fariseos.
Tres años antes, habían partido detrás de la
Ilusión de liberar a su patria y ahora
sin líder, sentían el abismo de los perdidos.
A su lado, un desconocido, con ellos camino.
Y, ellos pensaron, aunque sus corazones ardían,
quien será este que, privando en maestro, nos habla
de profecías antiguas.
Rumores de una tumba vacía,
como polvo por aquellas tierras sedientas
se habían esparcidos.
Y justo allí, al atardecer,
Regresados a sus antiguas vidas,
el desconocido del camino,
elevando sus manos, bendijo y partió el pan,
y desapareció.
La luz de la tumba vacía penetro
y sus corazones transformo.