Yamel Murillo

NO SÉ

 

No sé…

No sé si cruzo un parque; si es de noche 
o sólo está la luz apagada.

Me cuesta admitir que permanezco en una silla en esta estancia y con las alas abiertas.

Mientras ríes te desbordas por el chorro de agua del surtidor.

Mientras caminas acarreas al sol como un carnet en el bolsillo.

Mientras piensas en mí y yo en ti 
por debajo de los anteojos.

Coincidimos en que es imposible silenciar a las rosas.

En otro libro nos leímos con el mismo amor.

No ahuyentes las palomas que son habituales visitantes aunque no amanezca todavía.
Sabrán de qué color son mis manos después de acariciarte.

Como se parece al mar esta sábana inquieta.

Cuantos besos daremos en nombre de los dos.

Me acostumbraré a verte en el ruedo de mi falda o en el escote cayendo como gotas ininterrumpidas 
en la mitad de la almohada que me acortará 
la velada.

Te podría amar a través de lo que ya no existe 
y hacerte existir.

Los presentimientos abrazan la hora precisa que te doy la espalda.

Corres las primaveras por el valle de dos senos que han recuperado la brisa.

Sueño que llegas, y deja de ser sueño

Y todo es parte del devenir de las flores blancas que nacieron en el baldío, cuando se suponía que sólo florecerían para el octavo.

No sé si cruzo un parque.

Me cuesta admitir que sólo miro al ventanal y suspiro mientras asomas dispuesto a renacer.

Desde un sexo casi mudo 
escucho los gritos del mío.
Tus palabras inmensas y rumorosas
se vuelven semen 
del que me dejo atrapar.

Hay algo sin nombre que pasa entre los dos mientras parece que no pasa nada.

Ardo en el desvestir de tus ojos.

Llueves por cada minuto, cada semana, cada siglo...

Te quedas absoluto, mirándome.

Haz el amor a este ángulo donde el sol calienta en amapolas, en mariposas, en lengua, 
en pide lo que quieras, en quiero más, 
en quiero todo; 
en se me incendian los dedos y la nuca;
en hasta donde llegarás;
en hasta el final sin demora en los detalles 
de la respiración;
en hasta que se desbarranquen las azucenas 
de los jarrones y estallen las ciruelas a borbotones con la dulzura por los labios; 
en el ya...y en el silencio, y en la risa, y en el después, 
cuando el techo gira sus húmedas estrellas 
y el mundo no es más que lo furtivo de tus brazos…

No sé si estoy, ni si estás donde estás.
Tal vez ausente de tan real.

No sé si te he dicho o supiste si yo sí quiero.
Ahora, aun así, sin conocerte…

No sé que hace el árbol.

Ni la nube.

Ni el reloj.

No sé...

Yamel Murillo

 


Inmérito©

D.R. 2019