Luis Barreda Morán

Mientras el tiempo siga nombrándote

Mientras el tiempo siga nombrándote

Hay nombres que el viento aprende de memoria
y repite en secreto cuando la tarde se inclina,
como si el universo se negara a aceptar
que algunas presencias ya no caminan entre nosotros.

Así te recuerdo.

No como quien contempla una fotografía antigua,
sino como quien escucha un río lejano
y reconoce en su murmullo una voz querida.

Tu ausencia llegó sin anunciarse,
como llega el invierno a ciertos jardines,
cubriendo de silencio los senderos conocidos,
apagando de golpe las luces que creíamos eternas.

Y sin embargo, incluso en la tristeza,
hay algo de ti que permanece.

Permanece en las mañanas tranquilas
cuando el cielo abre lentamente sus párpados de luz;
permanece en el canto de los pájaros que desafían al alba,
en el aroma de la tierra después de la lluvia,
en los lugares donde una vez reíste
y dejaste sembrada una parte de tu alma.

A veces creo verte entre los recuerdos,
caminando despacio por los pasillos de mi memoria,
con aquella serenidad que convertía las tormentas
en simples nubes de paso.

Tenías la rara virtud de iluminar los días grises
sin necesidad de grandes palabras.
Tu bondad era una lámpara encendida,
tu humildad una puerta siempre abierta,
y tu sonrisa un refugio donde muchos encontraron paz.

Por eso duele tanto tu partida.

Porque no se fue solamente una persona;
se fue una forma de mirar el mundo,
una manera de transformar las heridas en aprendizaje,
los miedos en valentía
y los silencios en compañía.

Hubo noches en las que hablé contigo sin respuesta,
levantando preguntas hacia las estrellas
como quien arroja cartas al océano.

No esperaba respuestas.

Solo necesitaba creer
que en algún rincón invisible del universo
aún podías escucharme.

Y entonces comprendí algo:

El amor verdadero no desaparece con la distancia,
ni con los años,
ni siquiera con la muerte.

Se transforma.

Se vuelve recuerdo cuando necesitamos consuelo,
se vuelve fortaleza cuando sentimos que caemos,
se vuelve esperanza cuando todo parece perdido.

Por eso sigues aquí.

Habitas en las enseñanzas que me dejaste,
en los caminos que me enseñaste a recorrer,
en cada acto de bondad que intento ofrecer al mundo
porque una vez aprendí de ti su valor.

Sigues aquí cuando sonrío sin motivo,
cuando ayudo a alguien sin esperar recompensa,
cuando encuentro belleza en las cosas sencillas.

Porque esas eran tus huellas.

Y las huellas del alma
no desaparecen con el tiempo.

A veces imagino que la vida es un inmenso libro
y que nuestros encuentros son capítulos escritos por el destino.

El tuyo no fue el más largo,
pero sí uno de los más hermosos.

Un capítulo lleno de lecciones,
de abrazos sinceros,
de conversaciones que aún resuenan en mi interior
como campanas antiguas que nunca dejan de sonar.

Si pudiera hablarte una vez más,
no te pediría que regresaras.

Te contaría cuánto has permanecido.

Te diría que el tiempo no logró borrarte,
que los años no pudieron arrancar tu nombre de mi corazón,
que todavía encuentro tu reflejo en los momentos más inesperados.

Y te agradecería.

Por cada palabra que sembraste en mi camino.
Por cada sonrisa compartida.
Por cada gesto de cariño que hoy guardo como un tesoro.

Porque antes de conocerte,
el mundo era simplemente un lugar por recorrer.

Después de conocerte,
se convirtió en una historia digna de ser vivida.

Y mientras existan amaneceres que rompan la oscuridad,
mientras las estaciones continúen cambiando su vestido,
mientras el tiempo siga avanzando sobre la tierra,

seguiré encontrándote en los pequeños milagros cotidianos.

En la luz que atraviesa una ventana.
En el vuelo libre de una mariposa.
En el susurro de los árboles cuando el viento los visita.
En la paz inesperada que llega después del llanto.

Porque hay despedidas que separan los cuerpos,
pero jamás consiguen separar las almas.

Y aunque ya no pueda tomar tu mano,
ni escuchar tu voz llamándome por mi nombre,
llevaré tu recuerdo conmigo
como quien protege una llama en medio de la noche.

Una llama que no se apaga.

Una llama que el tiempo respeta.

Una llama que seguirá iluminando mi camino
mientras mi corazón continúe pronunciando tu nombre
en el idioma eterno de la memoria.

—Luis Barreda/LAB
Montrose, California, EUA 
Noviembre, 2020.