AQUEL VERANO
A menudo, al adentrarnos en la naturaleza
y sobre el suelo del bosque
o a los pies de un simple ribazo,
encontrábamos una piel de serpiente
junto a unas matas de cantueso o de esparto,
por zonas de matorral muy muy denso,
pues todo quedaba por allí
como ordenado, puesto en su sitio,
señal inequívoca de que la vida silvestre
campaba por allí a sus anchas,
de que conllevaba todavía peligro
pasar dentro.
Gaspar Jover Polo