¡Qué más da!
Me repetí aquella madrugada
mientras encendía un cigarrillo,
esperando que la nostalgia
se dispersara como el humo.
Pero esta noche
los mismos fantasmas aparecen en sigilo,
acechando en el momento menos oportuno.
Por más que escape,
aunque la tregua me conceda descanso,
los mismos fantasmas
se niegan a partir.
Este lecho me parece tan poco acogedor
que vuelvo a ponerme en pie,
camino a oscuras,
buscando un poco de aire fresco.
Quizá deba arriesgarme
y encuentre el atino
de una canción,
algún escrito,
algún poema,
para dar la bienvenida a otro amanecer,
pensando que aún vivo
sin respirar el humo de tu recuerdo.