Jardín del Alma
Hasta las flores
pierden su aroma,
el amor se marchita
como ellas se marchitan.
En el jardín
quedan espacios vacíos,
lugares para ocupar,
pero en este, mi jardín,
no cualquiera
merece ese lugar.
Busco la planta
con la mejor esencia,
la fragancia que nace
desde lo interno,
que brille con luz propia
y perfuma su entorno.
No importa
que no sea una orquídea,
me consuelo con un clavel
o una azucena,
que pueda llevar
en el ojal orgulloso,
que ocupe el sitio
de mi jardín.
No es sólo la belleza
lo que cuenta,
sino la nobleza
de estar erguida,
de adornar este jardín
con dignidad,
de atraer sin pretender,
de llenar el espacio
sin dejar vacío.
Los lugares vacíos
son desolación,
inerte tristeza
que la vida no perdona,
por eso, donde hay perfumes
y aromas diversos,
dan amor,
dan vida,
dan felicidad.
Amo los perfumes,
amo las flores,
como amo el amor mismo,
creación divina,
que nace,
se eleva
y perfuma el alma,
llenando mi jardín
de esperanza y luz.
La vida es un instante,
se nos va entre las manos,
cerramos los ojos
y las flores se disipan.
Pero en este jardín
guardo un espacio sagrado,
esperando por ti,
la planta que perdure,
la esencia que no muere,
que florece hasta el final,
porque el amor auténtico
no pasa ni se olvida,
sino que queda,
firme,
eterno en el alma,
llenando de luz
el lugar que no debe quedar vacío.
Autor: Antonio Pais
Córdoba, La Paz,
🇦🇷Argentina🇵🇹
Departamento San Javier