Tengo anzuelos
bajo mi piel
soy la escama rebelde,
la llaga ajena
que quebró el destino
El soldado,
que premió la bala,
nebulosa púrpura
en el pecho,
y la suerte como abrojo
en la planta de los pies.
Un androide deprimido
que no encuentra parecido,
ni álbum familiar.
La duda que persiste,
la esperanza del obrero,
un policía en uniforme rosa,
un millonario sin fortuna,
un verdugo culposo.
El físico que al fin
comprueba la gravedad,
antes de morir.
Soy una mente que narra
episodios enmendados,
recuerdos que fingen ser.
Un condenado
que teme a su libertad,
a la oscuridad que la sostiene.
La especie extinta,
que reverencia en ausencia.
Ahora asumo la pausa,
me quito el cencerro
y descanso sobre un dedo,
el imán dice:
aún tengo profecías
por desmentir.