Sergio Alejandro Cortéz

Aquel florero

Aquel florero

 

Después de todo,

 

volví a tu casa.

 

Y allí estaba

 

aquel florero.

 

 

El mismo de siempre.

 

La misma flor

inclinada hacia la luz.

 

Antes lo miraba.

 

Nada más.

 

Una flor.

 

Un poco de vidrio.

 

La tarde apoyada

sobre sus bordes.

 

Pero ahora

 

me da miedo.

 

Miedo de detener los ojos.

 

Miedo de que mi tristeza

no parezca tristeza.

 

Miedo de que una mirada

sea interpretada

como algo que nunca fue.

 

Entonces paso de largo.

 

Miro el suelo.

 

Miro mis manos.

 

Miro cualquier cosa.

 

Menos aquel florero.

 

Y aun así,

 

parece que mi mirada

siempre está equivocada.

 

El florero permanece allí,

 

quieto,

 

sin saber que ya no me atrevo

a contemplarlo.

 

A veces pienso

 

qué extraño es vivir así.

 

Temerle a una flor.

 

Desconfiar de los propios ojos.

 

Sentir culpa

 

por la simple belleza

de algo que descansa

sobre una mesa.

 

Aquel florero sigue allí.

 

Esperando.

 

Como esperan las cosas

que no comprenden

por qué hemos dejado

de mirarlas.

 

Y yo sigo pasando cerca.

 

No quiero estar

en tu casa de esta manera.

 

Con el miedo a cuestas.

 

Con la cabeza baja.

 

Preguntándome

 

en qué momento

 

una mirada inocente

 

se volvió un motivo

 

para pedir perdón.

 

 

Sergio Alejandro Cortéz

Villa Dolores, Córdoba, Argentina.