Robotín

Romance del amor sombrío

En una siniestra cama

traman el amor sombrío

dos poetas condenados

al semblante mortecino.

 

Horacio llega del monte

con su silencio de río,

y Alfonsina, entre las sombras,

trae un rictus malherido.

 

Cruzan palabras nocturnas

como pájaros furtivos,

y en la penumbra se buscan

con tembloroso suspiro.

 

Él conoce la amargura

de los senderos perdidos;

Ella guarda en cada verso

un mar de lecho cautivo.

 

La luna, vieja comadre,

los contempla desde el frío.

Derrama plata en sus frentes

y escarcha sobre el destino.

 

Mas todo amor que florece

bajo presagio tan vivo,

lleva escondido en las hojas

la señal del sacrificio.

 

Por eso estrechan sus manos

con desahuciado cariño,

como quien salva una llama

del vendaval del olvido.

 

Y en la noche entonan juntos

un réquiem tan infinito,

que eternas llagas no logran

sondear sus precipicios.

 

Queda el eco de sus gritos

sobre el tiempo envejecido

y caen en los jardines

oscuras plumas de mirlo.

 

Porque el amor en la sombra,

aunque parezca extinguido,

deja una estrella colgando

de corazones sombríos.