Escribe un poema, haz que sea sucio y no escondas nada.
Concíbelo imprudente, con curvas asesinas y sin miedo a la muerte.
Diséñalo grosero, sutil, inteligente.
Que cada verso sea como un orgasmo y que sus culminaciones cedan ante la carne del cuerpo.
Y que no te dé vergüenza.
Porque cada línea bailará en los confines de la hoja y se hundirá en los cerebros como una herida abierta.
Sí, escríbelo.
Que las palabras se derramen como los fluidos en el sexo
Para que al pasar murmuren, y que su llegada sea un acontecimiento.
Porque los versos evocarán fantasías y se desnudarán los lectores.
No te olvides de firmarlo porque vencerá a tu vida y el paso del tiempo.
Para que te recuerde cuando te vayas a donde no existen los pecados,
O se castiguen,
Y grábalo en tu memoria como la pérdida de tu virginidad,
Como esa experiencia desabrida,
Pero escríbelo antes de que te devore el silencio y te divorcies del arte.
Haz que sueñe, y que sea profundamente sincero e inevitablemente embustero.
Pero cuida la estética,
Para que los pomposos se regocijen y los fatalistas se inspiren.
—D.G. Falls