Llegó tu letra al alba silenciosa
como una enredadera
que encuentra entre las piedras una rosa.
Tembló la luz primera
sobre mi mesa antigua y pensativa
y la mañana entera
pareció más profunda y más cautiva.
He vivido estaciones
de escarcha y de granizo en la memoria
ya conozco canciones
que terminan deshechas por la historia.
Mas tu palabra vino
con su rumor de agua entre los montes
y abrió sobre el camino
claridades más vastas que horizontes.
No pregunté tu rostro
me bastaba la música del alma
aquel sutil apostro
que dejaba en mis tardes tanta calma.
Y así, carta tras carta
creció la flor secreta de los días:
una ternura harta
de silencios y viejas travesías.
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