Tomé tu palabra
como cristal en bandeja de plata.
Recordé tus palabras,
cómo me mirabas.
Juro que todo recordé:
cuando me hablabas,
cuando me mirabas,
y cómo tus labios me besaban.
Sé lo mucho que te amaba,
y a veces deseo creer
que tú me amabas
y me extrañas.
Quiero creer que te atormento en sueños,
quiero creer que el dolor que siento
es pasajero.
Pero van cien días,
y tanto daño me has hecho.
Extraño todo de ti,
tu hombro junto al mio,
nuestras charlas inolvidables
y aquellas tardes interminables.
Recuerdo tus defectos,
aquellos que te hacían perfecto.
Todo esto a
a mi amor de secundaria,
aquel que tanto añoraba,
aquel que no significó nada.
—La chica de rojo.