Ven, quédate aquí, justo sobre mi hombro, y déjame cuidar tu corazón. Mírame al decirte lo que me nace del alma: me encantas, cada día y en cada lugar. Lo sé, por las mágicas sensaciones que despiertas en mí. Gracias por la libertad que profesa nuestro abrazo; yo palpito en esa intimidad hasta entender que junto a ti se encuentra la paz. Envuélveme y, te cuidaré como al más bello e inmenso regalo de la vida. Al final, siempre termino agradeciendo al cielo, al suelo y a lo del distinto del mundo por crear un horizonte para nosotros y creer en lo simple del amor. A tu lado se anida ese espacio que se hace vida con tu luz.