Pantera Negra

Heridas

​Bajo la sombra herida de la selva,

se cruzaron el rastro y la mirada;

él, con el arco tenso en la alborada,

ella, una sombra de azabache bella.

 

​No hubo disparo, el arma cayó al suelo,

la fiera abrió su pecho a la caricia;

nació un amor de fuego y de delicia,

un pacto herético entre el cazador y el cielo.

 

​Pero el amor no cambia los colmillos,

ni olvida el cazador su herencia armada;

un abrazo se volvió una estocada,

y el golpe del instinto apagó brillos.

 

​Se hirieron con la fuerza del instinto,

sangraron por amarse a contraviento;

la fiera huyó rugiendo su lamento,

y él se quedó atrapado en su laberinto.

 

​Hoy los separa el bosque y lo no entendido,

dos almas que se queman en la ausencia:

ella es la noche oscura, él es el día,

dos mundos que deshace su porfía.