Mi número de la suerte es el cuatro,
y mi día predilecto los jueves;
se trata de un ritual propio y consistente,
un recordatorio constante de quien soy Yo.
Un día comienza y un no sé qué tal vez.
El día es joven pero mi centro no;
Alma vieja muchos le han nombrado,
lo he sentido en estos treinta veranos,
el cuerpo es ligero pero las fuerzas no.
No es extraño sentir tanto fulgor,
pero este tiempo me ha enseñado a ser más previsor,
y justo ahí es que se asoma tu valor,
no hay miedo, hay pasión,
no hay idilio, es admiración,
no hay capricho, es intuición,
no hay exalto, es que veo opción.
Hoy no hay intención, no quiero que parezca obsesión,
solo un apartado que busca redención.
¡Esto no es mas que una distinguida rebelión!
Contra la realidad opresiva y la tiranía de la rutina
que solo tiene por objeto declarar el inmenso jubilo
y honor que provoca esa pizca de tu atención.