Porque como a los adictos
nos delimitaron la vida
a un día.
Me decías que necesitaba soñar,
y ahora parece que no puedo andar
sin pensar en esta falsedad.
Revivía cuando te soñaba,
cuando tenía esa magia en la palma.
Y ahora te despido
con un beso en la mejilla
con un sabor salado
por la lágrima que derramo.
Adiós futuro,
adiós dulce amigo.
Ahora tengo que abandonar
y volver a empezar.
Gracias por las sonrisas genuinas
que me diste,
cuando aún ni te conocía.
Adiós futuro, adiós dulce amigo.