Eduardo Villacal (seudónimo)

Dentro de tu abrazo

A veces quisiera que me abraces. No importa lo que dure. Soy como un hijo de tus brazos y no conozco otra casa.

 

Fui por el mundo reconociéndote mal: en todos los brazos que te siguieron busqué los tuyos, en todos los besos tu boca y en cada mirada tus ojos.

 

Cada día fue cambiar de vereda para escaparme de vos, desde que no me quisiste. No lo bastante para darme tu vida.

 

Pero viniste. Y eso es lo que le perdono al olvido.

 

Entraste a la noche, a su boca negra, sin preguntar, sin ser mía, sabiéndome tuyo, viniste con las manos abiertas a juntar lo que queda después de un derrumbe.

 

Esa noche fuiste otra vez mi metro cuadrado de mundo. Afuera todo era ceniza, o viento, o nada. Adentro, mi sombra hecha pedazos aprendía el lugar donde caer para siempre.

 

Tomaste lo que quedaba de mi corazón como se recoge algo inútil del suelo, una cosa con la que ya nadie puede, y ahí se quedó: clavado en la tibia cruz de tus brazos.

 

Y nunca volvió conmigo.

 

Todavía quisiera que me abraces. No importa lo que dure, no importa quiénes somos ahora, me alcanza un instante para ir a buscarme

 

dentro de tu abrazo.