A veces quisiera que me abraces.
Soy como un hijo de tus brazos.
Como si en todos los brazos que te siguieron
buscara los tuyos.
En todos los besos tu boca y tu voz
en cada murmullo.
Porque todos los días fueron un salto al vacío
para escaparme de vos.
Desde que no me quisiste. No para darme
tu vida, al menos.
Y sin embargo viniste.
Viniste una noche hueca y absurda.
Aún sin ser mía, pero sabiéndome tuyo.
Sostuviste mi corazón en tus manos.
Y dejaste mi alma
clavada en la cruz de tus brazos.
Por eso
a veces quisiera que me abraces.
No importa lo que dure.
Pero dentro de tu abrazo.