Juguemos un juego,
lúdico imperfecto,
donde la resta sea milagro,
y toda suma, encuentro.
Que el pensamiento
no divida,
que llene de decenas,
de centurias la algarabía,
y sea la raíz buscada
todo gesto de alegría.
Que reine la aritmética,
esta métrica sin salida,
y sea el amor,
sentido último
de toda geometría.
Pensemos la fórmula,
descubramos el resultado,
contemos caricias de forma lenta,
y besos hasta perder la cuenta.
Y al concluir el pasatiempo,
resuelto el teorema
con cada teoría rebatida,
que la vida sea recreo,
y acabe en tablas la partida.