Nos habla y nos cuenta en columnista de El País Antonio Muñoz Molina de una oquedad desconocida que se abre en la oscuridad de una de las salas de la Biblioteca Nacional Española, leyéndole uno percibe que aún hoy hay cosas y casos que en aquella España de Valle de Inclán decía que era “Una aberración de la Historia de Europa” y resulta de ser que aún hoy no se ha superado. Uno intuye mediante la imaginación que es una oquedad que viene a ser la misma que se deja en una casa de las afueras de cualquier ciudad cuando se abandona no sabiendo bien si se volverá a ella algún día; una oquedad que huele a polvo humedecido por el paso de los años, de los siglos de historias de España. Es como cuando, después de años de ausencia, entramos en aquella habitación que un día cerramos y tardamos en volver; son los olores de pajares que nos repelen por el vacío de todo que ahí encontramos.
Luego ocurre que, poco a poco, se va haciendo la luz, la claridad de las ideas. La iluminación de las imágenes que nos ofrece el conocimiento oculto de y acerca de cómo ocurrieron los hechos que ahí, detrás de esa puerta cerrada, se quedaron escondidos durante siglos y del porqué Nuestros ojos se van haciendo a la luz, y nuestra mente también siendo ésta la que nos habla, aún en voz baja y nos relata acerca de lo que está ahí delante de nosotros y acabamos de descubrir: nos encontramos con un olor viejo, no desconocido del todo pero quizás al que ya no estamos tan acostumbrados: Olor a libros humedecidos, bien y hermosamente encuadernados en cuero por manos sabias, abandonados a la carrera como si el tenerlos en las manos supusiera en su momento un peligro para quienes los portaran o fueran dueños de ellos. Eran otros tiempos. Es el olor de las hojas viejas de se amarillan por el paso del tiempo, un tiempo nunca comprendido ni aceptado pero cargado de la que quizás, y sin quizás, es una de las memorias más ricas de la Historia no solo de España sino de Europa…
Publicado en 2012.