Miranda Silva

Ruiseñor.

Yo no lloro, amor mío,
yo pongo mi alma en un papel;
con mi gran poesía cubriré aquel vacío.

Puedo encantar a cualquiera que entienda el dilema:
eres tan hermoso como aquella empatía que me consume a muerte lenta,
pero tan doloroso como una lluvia en su peor tormenta.

Pero te lo digo ahora: no lloraré por tu corazón,
sangraré en el papel, escribiendo poemas con esta gran pasión.

Me preguntarán: «¿Es mejor hablar o morir?».
Y diré lo segundo; tal vez te suene algo drástico,
pero, al sufrir por mi amado, dejaría de escribir este canto...
¿Y quiénes somos todos nosotros sin el arte?

Oh, mi amado ruiseñor,
ojalá supieras lo que es perderme en tu maravillosa belleza,
mirarte y perderme en tu arte.

No será hoy, ruiseñor,
pero no dudes de que algún día nuestras miradas estarán unidas.

Eres la medicina para cada una de mis heridas,
y el día en que me faltes
será mi mayor caída, ruiseñor.