Como geometría,
perpendiculares,
nos tenemos.
Como péndulo
nos disfrutamos.
Mis dedos en círculos
esculpen tus senos,
tus brazos en ángulo
perfilan mi pecho.
Y en un abrazo repentino
estamos paralelos,
como cuerdas de un piano,
en un acorde de dos manos,
subiendo la espiral que estalla
en esferas de delirio,
hasta sentirte en breves gritos
cuando me dices
que no puedes más
y que me amas.